Una sensación de blindaje

Por Roberto

Las maestras después de la Revolución estaban contentas.

Yo iba a un colegio de clase media, baja. No teníamos auto en esa época, pero tele sí. Seguimos viviendo en ese departamento amuchados, pero un día apareció la tele. A mi viejo le debe haber empezado a ir mejor: como un chispazo de otra clase social.

Justo cuando fue la Libertadora mi vieja se había ido con mi hermano a Córdoba. Mi hermano andaba mal de los bronquios, y el médico le había recomendado ir a las sierras.

Ella relata que el tren que iba a la Cumbre para, y les dice que se tiene que bajar del tren. Después aparecen soldados, y mi vieja les pregunta qué pasa. Le dicen que son maniobras, que no pasa nada. Pero nadie entiende bien qué es lo que estaba pasando. Finalmente le dicen que no pueden seguir a las sierras, y deciden quedarse en un hotel.

En el tren se habían encontrado con una familia inglesa y con ellos deciden ir para el hotel. Allí les hacen cerrar las ventanas y ponen ametralladoras en el techo. Están ahí dos o tres días.

Nosotros perdemos comunicación con mi vieja. No existían teléfonos. De acá a Córdoba era larga distancia por operadora. Mi viejo no sabía nada de mamá.

Con estos ingleses consiguen alquilar un taxi que los lleve a las sierras por un camino interno —no por la ruta principal—, sino por las sierras. O sea que prácticamente durante una semana o diez días hasta que ella logra llegar; mi viejo no sabe nada de ella. La familia estaba medio dividida.

Mi vieja era yanqui y además se juntó con ingleses. Creo que sentían cierta autosuficiencia. Una sensación de blindaje. Yo no lo hubiera hecho jamás.

Durante el bombardeo nos sacaron antes del colegio. El clima era no hables fuerte, como si alguien estuviera escuchando. Se ponía la radio. Nosotros mirábamos por el balcón de atrás. Por momentos, se veían aviones dando vueltas. Una cosa muy fugaz. Lo veía como algo que no entendía. Los grandes hablaban bajito y ponían la radio. Algo peligroso estaba ocurriendo. Pero yo no tenía percepción de que eso fuera bueno o malo, de que fuera a jorobar a la familia o de que fuera buenísimo lo que iba a venir. Para nosotros fue una cosa diferente.

Sí creíamos que lo que iba a venir no era de confiar.