Una especie de psicosis

Por Amalia

 

En 1955, cuando empecé la secundaria, se me generó, como a muchos de mi generación, un verdadero conflicto: una especie de psicosis. No podías decir si eras peronista o antiperonista ni expresar libremente lo que sentías respecto a ese tema. Entonces mis padres me prohibieron abrir la boca. Recuerdo que el día del bombardeo en la escuela me dejaron salir. ¡Te largaban! ¡Arreglate como puedas! No había colectivos ni trenes… Yo no sabía para qué lado correr. Entonces fue pánico lo que sentí. Por suerte, una señora se apiadó de mí y me orientó para que pueda volver a mi casa. Bueno, y así lo hice: ¡pero temblaba! No sé. Veía la Plaza de Mayo al lado y pensaba que en la avenida en que estaba iban a bombardear. ¡No sé qué imaginaba! La cuestión es que nunca pude entender nada. Mi deseo era preguntar qué pasaba porque tenía toda la sensación de una guerra. Pero ante la falta de respuestas me quedaba anulada y con miedo.

También mi prima tiene una historia con el bombardeo. Ella estaba internada en un colegio de monjas, en Quilmes. La cuestión es que la llevaron desde allí hasta la Plaza de Mayo para que presencie el bombardeo, a modo de protesta por parte de la Iglesia para con el Gobierno. Mi prima cuenta hoy cómo la llevaron al Cabildo y la pusieron, junto a sus compañeras, bien contra la pared: se tiraban unos arriba de los otros para protegerse. Lo más trágico es que ella estaba enferma y de una apendicitis aguda contrajo algo más grave por no ir al hospital en el momento justo. Estuvo grave mucho tiempo. Ahí se contagió de neumonía y, más tarde, sarampión o rubeola. La cuestión es que estuvo meses internada a raíz de que, en vez de llevarla al hospital, la llevaron a la Plaza de Mayo.

Fueron momentos muy inciertos.

En fin, nosotros, los de mi generación, tuvimos mucho miedo de meternos en política durante muchísimo tiempo.