Un campanario lleno de armas

Por Elvira

 

Yo te puedo contar lo que pasó en Córdoba en los días del bombardeo acá en Buenos Aires, cerca del 16 de junio. Eso no se conoce tanto. Allá ha sido muy grande la revolución. El que lo vivió, lo sabe.

Una delegación militar de Córdoba se levantó contra El trece. Lo bombardeó y mató a todos los soldados, y —niegue quien lo niegue— eso fue lo que pasó. Mi marido, cuando estábamos de novios, estuvo dos días preso, en un pozo de agua hasta la garganta. De ahí lo sacaron al tercer día para que cargara las bombas en los aviones. Fue un desastre. Mi papá era parte del ejército leal a Perón, pero jamás faltó un mísero broche para la ropa en mi casa. Con mi familia vivíamos a 7 minutos de la capital. Y nos hicieron escapar para el lado de las sierras. Todo el mundo salió de ahí porque nos alertaron que iban a bombardear. Llevamos todo lo que pudimos. Me acuerdo especialmente del teniente Morandini, que fue impactado por una bomba que tiraban esos aviones. Pero él no cayó en la ciudad: se fue a morir a la sierra para no alertar a nadie. Después de unos días, los liberaron a los soldados. Y mi marido escapó.

Incluso me acuerdo de que los curas estaban muy metidos. Ellos tenían armas y las escondían en los campanarios o bajo la sotana. A mi marido y a mí nos negaron casarnos en la iglesia que estaba a una cuadra de mi casa por ser peronistas. Pero me casé en la otra. ¡Me daba lo mismo! Todo era un caos; los hospitales eran un desastre también. En esos días, mi hermana tuvo que ir al médico en el hospital y vio cómo sacaban a las parturientas al pasillo para atender a los heridos.