Sobrevivencia

Por Ana*

En el 2001 hacía poco que me había recibido de preparadora para la maternidad y terapeuta corporal, es decir, gimnasia con centros de energía. Trabajaba, en esa época, en el comedor de mi casa, dando las clases para embarazadas. Era un espacio chico -en la otra casa tenía un comedor más grande-: dormía en el comedor, daba clases ahí también, y mis hijas dormían en la habitación. Ellas preparaban alumnos en la cocina. Le sacábamos bien el jugo al departamento. 

También iba al trueque. Hacía masajes y milanesas de soja, porque había hecho un curso de comida natural. Iba a la psicóloga, (por supuesto una psicóloga muy piola, con la misma ideología) y le pagaba con milanesas de soja, un honorario simbólico. En esa época tenía dos talleres en el Programa Barrial de Salud Mental del Hospital Pirovano. Uno que se llamaba “Una panza con cuarenta” -porque yo tuve a mis hijas, una con treinta y nueve, y otra con cuarenta y cuatro semanas-. Y después tuve “Estamos embarazados”, que era para parejas. Y además estuve en el equipo de obstetricia del Hospital Pirovano dando la parte de gimnasia para embarazadas. También soy psicóloga social. Por supuesto, todo gratis, pero a mí me gustaba.

Tengo dos hijas. En ese momento, la mayor tenía diecisiete años y la más chica, doce. Estaba separada, así que tenía que pagar el alquiler, criar a mis hijas. El papá en ese momento se había ido a Córdoba y no mandaba dinero. Nosotros habíamos tenido un taller textil y tres locales en Munro. Mis hijas tienen mucha experiencia de sobrevivencia. Mi hija Victoria, a los diecisiete años, repartía pizzas y vendía tortas con una amiga; ellas hacían las tortas y yo compraba los materiales, y las vendían a los empleados de las galerías en Belgrano para pagar sus gastos. Yo apenas si les podía dar de comer. Y Laura, mi otra hija, con una nena vecina pintaban frascos y bolsitas de papel, les hacían dibujos y las vendían por el edificio. Todos los vecinos les compraban y a veces ponían una mesita en la vereda. Hubiera preferido que la tuvieran más fácil. Pero hoy en día son muy luchadoras, trabajadoras. Hicieron la facultad trabajando: la mayor es socióloga; la menor es Licenciada en Artes, actriz, dramaturga y directora. 

Nunca tuve plata –salvo en una época en que estuve mejor– pero tengo recursos. Por ejemplo, como no les podía comprar libros, las llevaba a Yenny** y leían los cuentos ahí; yo me sacaba un libro para adultos. Siempre buscaba algún lugar donde hubiera títeres o algún museo, o algún centro comercial. Tenía una vecina psicóloga que me decía que tenía que escribir un libro sobre el rebusque. Otro ejemplo es que yo las llevaba a un homeópata en la época en que éramos “millonarias”, el Dr. Chaves, que es un médico prominente de homeopatía. Cuando no pude pagar, me dijo que siguiera yendo, que no me cobraba. Además me permitió poner mis folletos de gimnasia en su consultorio.

El papá de mis hijas, después de que quebramos, trató de armar algo acá pero no pudo. Entonces, durante seis años pasó alimentos pero después se fue Córdoba con una nueva pareja y no me mandó más. Durante tres años el dueño del departamento donde vivíamos, “San Trovato” le decíamos, no me cobró el alquiler. Pagaba solo las expensas. Por supuesto, siempre me reclamaba, y se hizo insoportable, insostenible. Así que después de muchas idas y venidas y esperas al sol, conseguí un subsidio del Gobierno de la Ciudad que me permitió alquilar otro departamento para poner ese dinero como depósito. Me mudé a un departamento más chico con expensas más bajas. 

Cuando vino el gobierno kirchnerista sentí que había pasado esta crisis, que ya estaba terminando, que por lo menos no era tan fuerte. Todas las demás épocas fueron durísimas. Ahora estoy jubilada; gracias a ese gobierno tuve la moratoria. Entonces, cuando me dicen que robaron, respondo: “Mirá, lo único que puedo decir es que tenía más plata en el bolsillo”. 

 

*Editado por Florencia en el marco del taller de edición de testimonios en agosto de 2019 en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

**Librería.