Se supone que vino la Revolución Libertadora y fue todo más libre ¿no?

Por Celia, Adriana, Alberto y Sahara

 

Del bombardeo sé que mataron a mucha gente inocente. Tenía seis años. Pero no me acuerdo de ese día porque no estuve ahí ni me enteré por la televisión. Creo que mis padres no hablarían de eso delante de nosotros, comenta Adriana, luego de contar que (de seguro) sabe sobre el bombardeo por haberlo estudiado en la escuela. En una mesa, todos se acercan a contar qué recordaban sobre ese día: una nebulosa de fechas, de vivencias, de contradicciones, de sucesos mezclados y de recuerdos que se habilitan a partir de la palabra del otro. En la otra punta, alza la voz Celia: Era chiquita, pero yo paraba la oreja con las noticias. Yo soy isleña; vivía en la isla. Oía las conversaciones sobre los cañonazos que tiraban desde el río los contrarios y que tiraban y rompían las paredes de los edificios grandes de Buenos Aires. Yo era curiosa: quería saber y me gustaba escuchar las conversaciones ajenas. Así continúa: Me acuerdo de que mis hermanos eran contrarios: no lo querían a Perón. Yo escuchaba y estaba asustada… Tenía miedo. A la noche —cuando cenábamos— yo ponía los pies arriba de la silla porque tenía miedo de que saliera alguno de abajo de la mesa. ¡Se me ocurrían esas cosas!… Hablaban con terror de las cosas que se hacían, y yo me imaginaba que había alguno ahí abajo que me agarraba Tenía miedo. De golpe, Sahara rompe la cadencia que había tenido en el relato anterior: Perdón, yo sé todo esto porque me casé a los quince años, y mi esposo era coronel del Ejército. Entonces yo estaba muy preocupada por saber qué le había pasado. Veía los aviones pasar, las bombas, todo. Al momento de contar los cambios —o no— que estas memorias pudieron percibir luego de los sucesos de ese día, las nebulosas se encontraron, se superpusieron: Se supone que vino la Revolución Libertadora y fue todo más libre, ¿no? Ahí hubo un movimiento más de liberación de presos, de regreso de gente que se había ido del país… No hables porque eso no fue así. Quiere decir que hubo un militar que hizo las cosas como correspondía. De pronto, Alberto toma la palabra y —de manera consciente o por obra del azar— desperdiga una buena definición de la memoria: tal vez impugnada, tal vez cancelada, tal vez olvidada, tal vez aprendida en la escuela, pero siempre confusa: La próxima avísennos unos días antes; yo tengo que revolver en mi memoria: está un poco oscuro por ahí.