Miedos y confusiones

Por Rosario*

Nací en 1943.

Junio de 1955. Comencé a observar que en mi casa todo estaba desordenado; nada en su lugar; se hablaba en voz baja. Todos teníamos temores, miedos. Mis padres dudaban hasta que un día dijeron: Vamos, vamos. Nos vamos a la casa del tío…

Mi mamá lloraba, y mi papá decía: Todos nos vamos.Armaron como pudieron una valija, y nosotros, mi hermano mayor y mis tres hermanas mujeres, los seguimos, pero estaban muy alterados. Escuchaban un ruido que no se sabía de dónde venía y se asustaban. Nosotros también.

Justo cuando nos estábamos yendo apareció un militante peronista.

A pesar del miedo y los apuros, ellos se detuvieron y le preguntaron con ansiosa curiosidad; querían saber el porqué de ese bombardeo que había matado a muchas personas en el centro.

Él contestó que justo ese día16 de junio, se había producido un bombardeo en la Plaza de Mayoen contra del presidente de la Nación, el general Perón.

Corridas, bombardeos, masacres, miedos, gritos, heridos, muertos…

Recuerdo que quien hablaba era un militante peronista. Peróntuvo muchos adeptos a su ideología y, a esta altura, muchos opositores.

Habían planeado asesinarlo, pero esto fracasó porque justo en el lugar donde planificaron tirar las bombas Perón no estaba, y sí muchos hombres y mujeres del pueblo.

Muchas personas quedaron desilusionadas, y también la Iglesia. Muchas estaban muertas; otras heridas. ¿Cuántas? Muchas…

Terminamos de oír esto y partimos. Llegamos al lugar donde vivían mis tíos, que era campo.

Todos preguntaban. Mi tío, que era inmigrante, tenía un diario en italiano y quería saber qué pasaba en la capital. Escuchaban la radio; estaban informados pero preocupados.

Hablando con mis padres, mi tío les decía que no tenían que volver a la capital; vivir cerca de la Plaza de Mayoera un peligro para todos los chicos porque ahí se concentraban los peronistas y los antiperonistas. Ya había habido una masacre. Habían muerto muchos civiles: 306, 304, más o menos.

Nos quedamos un tiempo ahí, pero al final volvimos a casa.

Se sentía que algo estaba cambiando… Un golpe de estado, una revolución.

Vivíamos con mucho miedo; nuestros padres trataban de protegernos y no nos dejaban casi movernos. Yo estaba muy atemorizada, asustada, como también lo estaban los vecinos del barrio. Temíamos otra masacre, una revolución.

Por fin llegó. Era septiembre, otro 16, y la llamaron Revolución Libertadora.

 

*Editado por Alicia, participante del seminario “Memoria Histórica y Tercera Edad”.