Los aviones con luces

Por Chiche

 

El 16 de junio de 1955 tenía veintitrés años. Yo trabajaba en un taller de bordados en San José y Carlos Calvo, y éramos varias chicas. Unas habían estado en la guerra; entonces sabían lo que pasaba. Yo, como era inocente y esas cosas acá nunca habían pasado, no podía creer. Ocurrió que la radio del Estado empezó a difundir que la gente se fuera para las casas. Mi hermana, que trabajaba en el centro, me vino a buscar. Me dice: Vámonos para casa, Chiche. Nos hicieron ir cerraron todo. No sé qué pasa. Cerraron todos los negocios. Nos tenemos que ir para casa. Yo, cabeza dura, le dije: “No, pero no va a pasar nada…”. Qué sé yo; nadie podía creer que pudiera pasar algo semejante. Y dice: Bueno, yo me voy a casa. No sé cómo te vas a poder ir porque no se va a poder viajar.

Salimos al balcón cuando empezaron las sirenas y otras cosas; desde ahí se veía el Obelisco. Cuando salgo digo: “¡Uy! Aviones con luces”, y una que había estado en la guerra me dice: Esas no son luces: son bombas. “¡¿Cómo bombas?!”. En la Plaza de Mayo estaban tirando bombas… Ese era un edificio de tres pisos; nos hicieron ir al sótano porque los aviones pasaban rozando la terraza. Terrible el susto que nos dimos. No podíamos creer que esto ocurriera en nuestro país. Era un día de lluvia: horrible, lúgubre; las calles todas oscuras. Después la hermana de alguna de las chicas me llevó en un camión. Llegué a mi casa bien. Al otro día nos enteramos de lo que había pasado: lo que habían hecho, que habían matado a unos chicos en un micro. Los muertos. Nunca se supo exactamente cuántos muertos hubo. Esa fue mi experiencia en el año del bombardeo famoso: famoso y tétrico.