Las fotos encima de Perón

Por Irene

 

Yo vine de Córdoba a Buenos Aires en el año 53. Mi papá quedó ciego; entonces vendimos todos los campitos que teníamos allá y nos vinimos a Buenos Aires. No teníamos plata para comprar una casa. Pero sí alquilamos con mamá: éramos cinco hermanos, con mi abuelita que vino con nosotros para cuidarnos para que mamá trabajara. Yo tenía diez años y me anotaron en un colegio Pueyrredón de San Martín, que llega hasta el cementerio. Iba en el turno tarde. Mi mamá y mis hermanas mayores trabajaban en el centro. Una de mis hermanas era empleada y hacía trámites en Impositiva. Antes, cuando vos comprabas un juego de dormitorio o una radio, vos tenías un contrato y una prenda. Ese trabajo lo hacía mi hermana.

El día del bombardeo recuerdo que al llegar a la casa nos dimos cuenta de que mis hermanas no estaban. Recuerdo que no andaba el teléfono. La Avenida General Paz estaba bloqueada por los micros para que Campo de Mayo, que se había levantado, no pudiera pasar para Capital. También el Ejército quería bombardear, ¿no?

Mis hermanos no se juntaron con mamá: cada uno llegó a la General Paz, y pasaron. Y a mi mamá le costó más porque era gordita como yo. Y no podía pasar porque eran micros muy grandes. Eran micros brasileños de esos que usaban guardas, y vos te sentabas en el micro, y venía un guarda y te pagaba el boleto. En esa época se usaban guantes —mi mamá usaba guantes— porque el aluminio del micro te manchaba las manos.

Finalmente, mi mamá pudo pasar: pudo encontrar un lugarcito y pudo pasar a San Martín.

Recuerdo que tiempo después arrastraron los bustos de Perón y Evita en el colegio y a nosotros nos arrancaban los libros donde estaban las fotos de Perón. Nos asustamos mucho. Yo estaba en cuarto grado; mi hermana en segundo.

Nosotros éramos peronistas todos. Gracias a Perón mamá pudo traernos a todos a Buenos Aires. Ella usaba los pasajes gratis para las fiestas, para viajar allá a Córdoba. Muy importante fue que a mi papá, cuando vinimos a Buenos Aires, le enseñaron muchas cosas. Me acuerdo de que yo lo tenía que llevar a Capital. Ahí le enseñaron a conocer la plata por el tacto, a tocar la armónica y a tejer. Y así yo aprendí a viajar en el tren, en el tranvía.

Después de lo que nos pasó en el colegio, me acuerdo de que con unos bordecitos de telas marrón —que ahora no se usa— mi mamá tapó todos los cuadros que teníamos de Perón. También puso fotos nuestras encima y le ponía una cinta adhesiva. Mi papá tenía miedo.

Lo que pasó después de eso fue que no se podía nombrar a Perón; no se podía hacer ninguna actividad que recordara lo que había pasado. Mi papá pudo seguir recibiendo por ciego porque como decimos ahora: lo que está por ley no lo podemos sacar. Era un subsidio que le daban. Él tenía cuarenta años. Era muy joven. Íbamos a Villa Urquiza a cobrar porque no había bancos en todos lados. Cincuenta pesos: un papelito verde.