La importancia de ir al Tigre

Por Roberto

Tengo imágenes como capas de cebolla. Primero tenés una idea, pero crees que es otro y debajo de ese hay otro y así sucesivamente. Yo tenía entonces siete años: estaba en primero superior. Todos los recuerdos que se refieren a esa época están en la escuela. Iba a un colegio que ya no existe más, al Monteagudo, sobre la avenida Santa Fe, casi Larrea. Hoy hay una plaza.

Tengo vagamente el recuerdo de que antes de la revolución ya el clima se había puesto feo. Se sentía que los grandes tenían algún problema. La familia de alguno de los chicos del colegio sería o estaría ligada a algún cargo público y era evidentemente peronista. Hasta la Revolución, tenía un relato que al resto de los chicos les gustaba. Por ejemplo, era el que iba a Tigre. En ese momento, y sobre todo para la gente de Capital, ir a Tigre era una cosa muy importante. Sería algo así como tener un country en la actualidad. Ese personaje cambió totalmente antes y después de la Revolución. Esa pequeña cuota de poder que tenía para con el resto de los chicos, que era la promesa de si uno era amigo o no de él le iba a decir a los viejos de llevarlo a Tigre, que era casi como tocar el paraíso. Después de la Revolución, eso desaparece. Eso me queda como recuerdo más nítido.

Cuando empiezan de vuelta las clases en julio, y ya era muy tarde para cambiar los libros. Entonces nos hicieron pegar hoja con hoja en todas las partes donde había alguna referencia a Evita, a Perón, a la Fundación. Teníamos el libro de lectura del cual se rescataba el 10 por ciento de las páginas, en el cual no había ninguna referencia al peronismo. Fue un cambio de miedos. Para cierto sector de la clase media, el peronismo metía miedo, y lo que vino después también metió miedo.