La historia de la maestra que seguía llorando

Por Ova

 

Yo nací en 1947 y quiero que entiendas que tengo muy vigente lo que pasó, como niño: cómo me tocó vivir ese tiempo, que pasó ese día, en mi escuela, qué hizo mi maestra. Y todo lo que ocurrió después. Porque, en definitiva, lo que me tocó vivir acá en Bahía Blanca queda en la memoria. Y yo creo que todavía no estamos salvados de todo eso. ¿Eso es lo triste no? Porque yo tengo nietos, no quiero que vuelva a pasar.

Esa época me tocó muy duro, porque mi padre era sindicalista.

Me acuerdo de escuchar la radio. La escuchaban mis viejos, y yo la escuchaba con ellos. Tocaban buena música. De repente, se corta la música, y el locutor de la radio dice que había muerto Evita. Y mi padre se para y se pone a llorar Y a partir de ese momento pensé… muchas cosas, viste. Era la primera vez que veía a mi padre y a mi madre llorando. Eso fue: ese día que me hice peronista. Era chiquitito: tendría cuatro años. Lo recuerdo; lo tengo grabado, viste.

Después más tarde vi un poco mejor las cosas, a mi padre; nos mudamos a otra casa en villa E. Ya mejor, un poquito mejor, pero un laburante, viste, de fundar un sindicato. Empecé la escuela ahí en ese barrio. Y un día viene mi padre y me dice: Nos tocó la casa, y nos fuimos a vivir a otra casa, en el barrio obrero. Yo iba a nivel inferior en ese tiempo, así que hice mitad en esa escuela y mitad en otra escuela.

Tengo un recuerdo que nunca voy a olvidar. Una tarde de lluvia, la maestra nos dijo: Chicos, chicos: abajo de los escritorios; con mucho miedo, viste; lloraba. No entendía nada yo. Y me tiré abajo del escritorio, junto con mi compañero de pupitre. Pero ella seguía parada y seguía llorando, y yo fui y le digo: “Che, pero vos también: no quiero que te pase nada”, y nos pusimos los dos abajo del escritorio. La maldita revolución del 55. Ella murió ya, pero tuve la suerte de encontrarla varias veces. Nunca me voy a olvidar de eso.