Flashes de junio

Marta*

De la apertura del mundial me acuerdo de la coreografía, la fiesta con los chicos de los colegios, todos vestidos de azul y blanco, el gauchito del mundial y alguna estrofa de la marcha que se cantaba, veinticinco millones de argentinos jugaremos el mundial. El cierre lo vi, porque nos íbamos del profesorado a ver los partidos. El último partido lo vi en televisor color, que para mí eso… ganó Argentina, y después a festejar.

Estaba en el profesorado y se vivía un ambiente pesado. Yo era demasiado inocente.

Mi abuela, que es la que me crió, fallece en junio. En mi barrio, a tres amigos los desaparecieron y se decía se los llevaron.  El que crió mi abuela, nunca apareció.

En el primer día de clases del profesorado se sentó a mi lado un muchacho que dijo ser policía de la división de narcóticos; me extrañó. Cuando desaparecieron compañeros, lo relacioné con el policía.  Estudiaba con una compañera que vivía a una cuadra del Olimpo, en Ramón Falcón y Olivera (Floresta) y comentaba que a la noche escuchaba gritos y tiros pero no sabía en realidad qué pasaba allí adentro. Eran todos rumores que no llegábamos a unir.

Empecé a darme cuenta de lo que estaba pasando cuando mi tío un día quema todos los libros que tenía en casa. Entre ellos había un libro de Marx que me lo dieron en el profesorado y Cien años de soledad.

*Editado por Mecha, participante del seminario “Memoria Histórica y Tercera Edad”