El padre que no volvía

Por Laura

 

En ese momento había cumplido veinte años. Mi padre hacía muy poquito que se había jubilado, y una persona de tanto trabajo necesitaba distracción. Entonces se levantó ese día a las 5 de la mañana para ir a pescar. Justamente, iba a pescar al lado de la central eléctrica del puerto porque es donde las aguas tienen cierta tibieza. Hasta ahí iba todo bien. Resulta que yo vivía en la casa de adelante, y en un pasillo había un departamento atrás. Había un chico vecino que tenía diecisiete, dieciocho años, y recién había entrado en los servicios de teléfono. El chico había salido temprano; era su primer trabajo y cumplía con todo. Pero aparece por el pasillo todo apurado, desesperado, y me encuentra a mí. Entonces le digo: “¿Qué te pasa? ¿Qué te pasó?”. Yo no sabía qué había pasado. Lo que pasa es que me mandaron de vuelta, dice, porque hay un revoltijo en el centro que yo no entiendo quétard pasa. Vi un movimiento feo.

Mi madre fue siempre muy terriblemente miedosa. Yo, la hija, le salí diferente. Por supuesto, no quise decirle nada a mi madre para no alterarla, pero estaba pendiente. Puse la radio. Quise saber lo que pasaba. Salía a la calle para ver si los vecinos sabían algo.

El hecho es que mi padre apareció como a las 12.30 de la noche. Realmente mi padre era muy querido en el barrio. Como toda la gente del barrio había vuelto y él no volvía, había mucho forcejeo entre decirle algo a mi madre. A mí me agarro como una especie de ataque de nervios. Salí a la calle corriendo. Me iba a la comisaría que estaba a diez cuadras. ¡Inútil! Qué iba hacer en la comisaría a las 11 de la noche cuando ya no daba más; estaba explotando yo… Me sostuvieron y toleré. A todo esto, mi padre apareció.

Él había estado en el puerto, en la costa, con los anzuelos y esas cosas y con un señor que lo acompañaba; dos solitarios ahí, en la orilla. De pronto vieron que se cruzaban dos aviones, y un avión cae al río. Era el que llevaba la bomba para hacer explotar la central telefónica ese, porque hubo muchos aviones. Dice que pasó ahí: no sé ni cómo ni cuándo ni de qué forma, pero pasó. Y alguien dijo: Locos, ¿qué están haciendo ahí? Sálgase, y los empujó hasta la vía del tren y los metió dentro de un vagón de carga. Por eso mi padre apareció tan tarde, porque lo llevaron a San Miguel encerrado.

También tenían a mi tío. Era un trabajador desde su infancia; ya en ese tiempo era una persona mayor, trabajador del Correo Central. Hay un pasillo que es subterráneo, y ellos podían pasar. Él estaba transitando por ese subte cuando fue el peor de los estallidos. Cuando estalló el colectivo que se incendió y reventó… Creo que es la palabra, por los restos que quedaron.

A todo esto, tenía dos amigas un poco más grandes. Trabajaban en Banco Nación. Y en Banco Nación las llevaron al segundo subsuelo por ser mujeres. No sabían ni lo que pasaba.

También un amigo de mi familia. Iba viajando en el colectivo detrás del que explotó. Venía de la escuela de Quinquela, en La Boca. Él estaba en el colectivo de atrás: el espanto de los espantos.

Hubo muchas cosas más que después me fui enterando. Fue una cosa muy terrible, muy terrible. Ver que todos volvían y mi padre no volvía. Eso en primer lugar.