Dólar o peso cuasi la vida

Por Elda*

Desde el 92 vivía en Mar del Plata, trabajaba en PAMI y en la Universidad como profesora. Por mi situación personal, me interesó mucho cómo empezó la crisis. Mi marido quería ser economista pero perdimos mucho dinero en escrituras, varias escrituras, con montos importantes. La última, aunque yo no quería, la hizo en noviembre y en diciembre fue el corralito y la devaluación.

Se presta la plata y te dan una escritura, como un usurero. Es muy conocido, muy antiguo, como el mundo. Se presta, se pone el dinero y se recibe una hipoteca. Después la persona a la que se le prestó tiene que devolver el dinero y recupera su escritura.

En la universidad y en PAMI no nos pagaron con ninguna cuasi moneda –le digo así porque no era moneda. En la práctica, en este país, los patacones, los lecops, no fueron otras monedas, fueron cuasi monedas porque no servían para nada. Había que cambiarlas rápidamente y a veces te tenías que bancar recibirlas a menos precio, con un veinte, un diez por ciento de descuento. Esto es una experiencia que nosotros, los mayores, la vivimos con Alsogaray, cuando nos pagó con los bonos del empréstito nacional, que mucha gente decía bueno, pero después se cotizaban. Sí, claro, pero en el día a día tenías que comprar la comida, los útiles, el guardapolvo, no podías guardar los bonos que te daba Alsogaray.

A raíz de la situación, me enfermé, realmente.

Fui asistente social y no he hecho otra cosa más que trabajar, me gustaba mucho, también me costó cuando me jubilé. No se me ocurría que yo tuviera otros gustos más que trabajar de eso. Fue mucho el disgusto de haber perdido un montón de plata. Quería matar a mi marido, perdimos más que un departamento. En ese momento, podías comprar departamentos por más de diez mil dólares.

Tenía la venta de un departamento mio, de cuando era soltera, más el retiro de PAMI. Eso lo pude sacar con un amparo. Con mucha suerte, el abogado no nos estafó. Realmente había abogados que cobraban la mitad de lo que ibas a sacar, como nadie controlaba, se podía hacer cualquier cosa. Mi marido me decía: no, no se va a cobrar. Encima, asumió Duhalde y dijo: El que depositó dólares, va a recibir dólares. El que depositó pesos, va a recibir pesos. Después, él mismo dijo que no sabía realmente cómo era la situación. En realidad, vino un ministro, Remes Lenicov, que hizo una tarea de devaluación impresionante.

Las escrituras nos las dejaron, estaban muchas por escribano, pero en vez de recibir los tres pesos por dólar, recibimos uno cuarenta y ahí los juicios. Ese valor duró hasta que vino Lavagna. No solo lo recuerdo, sino que también lo leí, hizo una pesificación encubierta, porque un dólar a tres pesos se mantuvo durante bastante tiempo. Mucho después de que asumiera Néstor Kirchner, el dólar siguió valiendo tres pesos, tres con ochenta y ocho, cuatro pesos. Después, en el 2010 compré mi departamento y valía cuatro pesos por cada dólar. Cien mil dólares eran cuatrocientos mil pesos. O sea, se mantuvo una devaluación encubierta.

Cuando se dijo que había dos posibilidades: dolarizar o pesificar, la posibilidad de dolarizar no existió, porque el país no estaba en situación de poder dolarizar sí o sí, esa pesificación fue la muerte. Las propiedades, los campos, todo se devaluó. Con algo que recuperé en 2002 compré un departamento a once mil pesos y lo vendí en cuarenta mil dólares. 

O sea, fíjense lo que fue todo este período. Esa fue mi experiencia.

*Editado por Norma en el marco del taller de edición de testimonios en agosto de 2019 la Facultad de Filosofía y Letras.