Días de horror, esperanza y memoria

Néstor*

Se me presentaron al momento de los recuerdos muchas cosas, fundamentalmente, los antecedentes de esa fecha, que eran los diez años que transcurrieron desde la última votación, desde la última posibilidad de votar en democracia que fue en el año 73 y diez años después, en el 83, lo volvíamos a hacer.

Recuerdo que me tocó trabajar en las mesas, porque fui convocado como lo que se llamaba en ese momento: primer vocal. Voté a Alende, ya que había hecho una buena gobernación, no me acuerdo si había sido Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Y aunque mi corazón estaba por otro lado, luego decidí que Alfonsín era una persona que me gustaba.

Yo trabajaba en el Ministerio de Salud y Acción Social en el Área de Arquitectura, y bueno, fue una especie de fiesta contenida, muy pausada, sin grandes exclamaciones, pero había mucha alegría, mucho contento en el lugar, como consecuencia de haber ganado Alfonsín, y obviamente, de entrar en un período democrático.

Seguí mucho a Alfonsín en sus alocuciones, en sus discursos. Leí cosas, me interesaba. Era muy impactante cuando él hablaba, cuando recitaba el Preámbulo de la Constitución, era como una gran síntesis de su pensamiento político. En ese momento no sé si yo lo pensaba así, creo que no, me parece que lo estoy diciendo ahora.

Recuerdo también una movilización muy impresionante que hubo en la Avenida de Mayo en la cual estuve y me fui bastante cabizbajo. Alfonsín habló de la economía de guerra y lo que estábamos esperando era que precisamente se cortara esa cuestión que veníamos padeciendo, que de hecho siguió, y terminó en un gobierno que tuvo que abdicar antes de finalizar su mandato presidencial de seis años.

Ayer o anteayer, dio la casualidad que escuché de nuevo la canción de León Gieco. Y en dos partes de esta canción habla de la memoria, y dice como que todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia, “todo está cargado en la memoria, arma de la vida y de la historia.” Y eso me pareció.

 

*Editado por Adriana, participante del seminario “Memoria Histórica y Tercera Edad”