Decían que era lo mejor que nos podía pasar

Por Silvia

El 2 de abril de 1982 estaba cursando quinto año y, como todos los días, me aprontaba para ir a la escuela escuchando la radio del pueblo. Ese día me enteré de que el ejército argentino había tomado las Islas Malvinas.

Llegamos a la escuela y era el único comentario que se podía escuchar: la toma, la guerra que se aproximaba. A cada hora, más o menos, sacaban un comunicado con todos los sucesos que iban ocurriendo. Entonces le pedimos autorización a la rectora del colegio para que nos prestaran una radio para ir escuchando toda la información.

Fue un día triste, silencioso.

 

Más adelante, por cómo fue sucediendo todo, se empezó a preparar para la guerra y se empezó a llamar a los soldados. Ahí, en Villaguay, que estaba el ejército, se los concentró; y recuerdo el día en que los llevaban hacia la ciudad de Sauce Viejo, en Santa Fe: se habilitó el tren -no pasaba ningún tren en ese momento por Villaguay-. Los chicos estaban preparados, y estaban todas las familias, novias, madres, hermanas, primas, padres; todos, despidiéndolos, viéndolos subirse ahí al tren y esperando lo peor. Este grupo de chicos nunca llegó a Malvinas, eran todos rumores que estaban preparándolos para llevarlos, que a algunos los especializaban en una cosa, a otros en otra, pero nunca los llevaron por suerte.

Había solidaridad también: se juntaba dinero para mandarles a los chicos a Malvinas, se juntaba chocolate, se escribían cartas. Y siempre la información que nosotros recibíamos era que la Argentina iba ganando, iba derrotando a los ingleses y demás, siempre nos enterábamos de lo bueno. Era todo un entusiasmo, una alegría porque habíamos tomado las Malvinas y se sentía como ese orgullo nacional.

Me acuerdo de que tenía compañeros que decían que lo mejor que le podía pasar a la Argentina era una guerra, porque después de una guerra el pueblo se levantaba y renacía, como le había sucedido a Alemania. Y después, teníamos una compañera, la única realista, que decía que era lo peor que le podía haber pasado a la Argentina, que era todo mentira que estábamos ganando la guerra y que éramos todos unos ingenuos.

Fue la única que realmente tuvo razón.