De director de biblioteca a ordenar filas de deudores

Por Alejandro*

No sufrí la pérdida de ahorros por una razón sencilla: si bien mi sueldo no era malo, no los tenía. Trabajaba en el Banco Provincia y mi ubicación en el escalafón era asimilada a la de un gerente. Dirigía una biblioteca con cinco personas a mi cargo lo que implicaba que cobrara un poco mejor.

Me había divorciado pocos años antes. Pasado un tiempo formé una nueva pareja y tuve otro hijo. Vivía, sí, aunque sin capacidad de ahorro porque pagaba alimentos y un préstamo hipotecario . 

Donde sí sufrí fue en lo laboral: el Banco Provincia estuvo durante los diez años del uno a uno inmerso en todo ese intercambio financiero con bonos, por convertibilidad y demás. Me refiero a la época del innombrable**.

Me sacaron de mi puesto de trabajo y me destinaron a hacer tareas de las cuales no tenía la menor idea; había trabajado treinta y cuatro años en el Banco Provincia y de bancos no sabía nada. Siempre me había desempeñado en áreas independientes de la actividad financiera. 

En 1998, durante la transición entre Menem y De la Rúa, hubo unas moratorias de impuestos a las que se podía acceder para pagar en cuotas las deudas. El Banco se hizo cargo y necesitaban personal que se ocupara de las filas que formaban quienes acudían a pagar. 

En mi caso, de director de una biblioteca pasé a una sucursal en San Justo a ordenar filas de cuatro, cinco y seis cuadras. Ese cambio significó una experiencia perjudicial ya que con el mismo, se modificaron las condiciones laborales previas.

A mediados de 2001, me mandaron unos tres meses a La Plata, sin viáticos ni nada. En marzo de 2002, cuando estaba todo explotado, me trasladaron oficialmente a otra sucursal en la que también tuve experiencias desfavorables.

Con respecto a mi vida cotidiana, recuerdo que fui afectado en especial por la imposibilidad de tener otros trabajos. A pesar de dedicar al banco casi ocho horas, desde hacía muchos años tenía dos o tres trabajos más. Los cambios de horario que implican las nuevas tareas impidieron que me organizara acorde a mis necesidades personales. 

En una época se había puesto de moda en empresas grandes que muchos gerentes quisieran tener una biblioteca. Pude incorporarme a varias y por lo tanto mis horarios laborales fueron de entre doce y catorce horas. O sea que al chico que tuve con mi segunda mujer, que hoy tiene veintiún años, lo veía en fotos .

 Si bien yo era funcionario con buenos ingresos, incrementados además con esas actividades extras, como ya dije, no tenía capacidad de ahorro.

Con el tiempo, algo empezó a cambiar aunque en la zona bancaria, seguía presente un clima de locura. Existía cierta presión que hacía que la gente tuviera un humor malísimo y por cualquier cosa, que podía ser un simple tropezón en la calle, había discusiones, peleas. Todo muy denso. 

En la familia hubo gente, profesionales o no, que se quedaron sin trabajo en la empresa o industria donde se desempeñaban. Un cuñado, que había comprado un quiosco, se fundió y compró a los pocos años un taxi, le fue mal, se enfermó. Después subsistió por ayuda familiar y por mejoras económicas que hubo, como todos sabemos, en el país en el período de 2003 en adelante. 

Todo fue muy duro y dejó muchas huellas. 

 

*Editado por Susana en el marco del seminario UPAMI “Memoria, Testimonio y Escritura” correspondiente al 1er. cuatrimestre de 2019.

 

* *Referencia al presidente de entonces, Carlos S. Menem