Contradicciones

Cristina*

La verdad que no me acuerdo mucho, prácticamente, lo único, es de un partido, que nos juntamos en la casa de un amigo que vivía en Adrogué. En realidad, con mis compañeros de trabajo y amistades sabíamos lo que estaba pasando. Igual quisimos ver el partido, esa cosa de Argentina ¿no?, como que engancha al final a todo el mundo. También recuerdo una época que no ampliábamos las amistades por miedo, se vivía con miedo; siempre había alguno que se enteraba que alguien ya no estaba. Como sabíamos, no queríamos saber, no preguntábamos más; era mejor, era una época en la que uno más que vivir, sobrevivía.

Yo no era militante, aclaro, pero igual era como que había que proteger a todo el mundo. Por ejemplo, tuve una compañera que estuvo en la lista, una compañera de trabajo en la municipalidad, donde trabajaba. Estuvo en la lista porque la elegimos delegada porque veníamos de una época donde todo se armaba desde la base. Esta chica renunció. Me acuerdo, que sin que mis viejos supieran, vinieron con el marido a dormir a casa hasta que se fueron. Se mudaron, nunca tuvieron problemas. Que nos ayudábamos, esa es un poco la imagen que tengo.

También nos enteramos que llegaban grupos de exiliados porque venían los de la Comisión de Derechos Humanos y pensábamos que estaban locos; estaba todo muy organizado por los milicos, mejor cuidarse.

Entonces, estaban las dos cosas, porque, por otro lado, jugaba Argentina y siempre quiere uno que gane. Coexistía todo esto.

 

*Editado por Mirta, participante del seminario “Memoria Histórica y Tercera Edad”