Barbarie y complicidades imperdonables

Por Alicia*

 

En referencia a los episodios acaecidos aquel 16 de junio de 1955, yo vivía en mi ciudad, Santa Fe, tenía nueve años, iba a un colegio de monjas. Se celebró el día 9 (creo) el Corpus Christi, procesión a la que íbamos medio obligadas, y en esa ocasión también asistió mi padre, cosa que normalmente no hacía.

La razón de su asistencia se debía a que quería demostrar su apoyo a la Iglesia y su malestar para con el Gobierno de Perón. En mi casa, al igual que en nuestro círculo familiar y en el de mis amistades, eran totalmente antiperonistas, y cuando sucedió el bombardeo y supimos que no había alcanzado sus objetivos, consideramos que sí, que fue un error. Pero se dijo que a esa gente no se la aguantaba más. La posición de mi familia fue que no deberíamos haber llegado a lo que se llegó, pero que no había más remedio y que habría otra vez. Y la hubo.

 

*Editado por Bernardo, participante de “Memoria Histórica y Tercera Edad”.