Angustia, vergüenza, tristeza

Por Cristina*

 

No tengo un recuerdo vívido. Yo iba a cumplir cuatro años; tenía tres y un poquito.

Vivíamos en José Mármol.

No recuerdo mucho; lo que recuerdo es por referencia de mi mamá, que me decía que me abrazaba y que me llevaba de la cocina a la vereda a ver si venía mi papá.

Él trabajaba como mozo en Lavalle al 600 y para volver tendría que pasar cerca de la Plaza de Mayo.

No llegaba…

Ella decía que tenía una angustia tremenda.

No llegaba… No llegaba.

Según ella, llegó a las 7 de la tarde.

Tenía una angustia tremenda porque no llegaba.

Después de un tiempo me llevaron a la Plaza de Mayo para ver cómo había quedado todo.

Mi papá me dijo que le daba vergüenza, una infinita vergüenza, y que era una masacre; eso dijo, a pesar de no ser peronista.

No tengo muchos más recuerdos; lo viví a través de ellos, de lo que ellos me contaron y de lo que fui a ver después a la Plaza de Mayo.

Yo me acuerdo de que era chiquita. Habré ido como dos años después, porque tengo una sensación de tocar los agujeritos hasta donde yo llegaba.

Mi papá decía: ¿Ves estas? Eso es lo que no se tiene que volver a repetir. Y yo tocaba los agujeritos de las balas.

 

*Editado por Graciela, participante del seminario “Memoria Histórica y Tercera Edad”.